Queridos lectores,
Muchas veces nos hacen esta pregunta y la verdad es que para responderla es necesario tener datos: grado de complejidad de la empresa y de la familia, el ciclo de vida de la familia empresaria, si han acontecido sucesos relevantes que lo aconsejen, etc.
Es cierto que el protocolo es una herramienta muy útil para garantizar la continuidad, pero existen otras herramientas como el plan de sucesión y los pactos de familia que pueden ser útiles para empresas con baja complejidad o para familias empresarias que todavía no han alcanzado la madurez para afrontar un proceso de protocolo.
Cuando se es “muy pequeñito”, y coinciden propiedad y la gestión, antes de hacer un protocolo recomendamos un diagnóstico de los tres sistemas: empresa-familia-propiedad. Esto nos dará una idea de las tensiones entre los mismos y la herramienta más indicada a utilizar.
Al margen de lo anterior, siempre aconsejamos cultivar la “buena comunicación”, hablar las cosas, evitar los chantajes emocionales, evitar las discusiones familiares en la empresa, que el acceso de los familiares al trabajo se atenga a unas reglas claras, etc. Si esta gimnasia se va realizando, la familia empresaria estará dando pasos de gigante para poder implantar con éxito cualquiera de las herramientas y así garantizar que las relaciones familia-empresa, no entorpecerán la continuidad.
Al final cabe preguntar si el tamaño importa y la respuesta es que si, pero la experiencia nos demuestra que al margen de la complejidad de la empresa, los problemas recurrentes en el entorno de la familia suelen ser casi siempre los mismos. A partir de aquí, en función del ciclo vital de la familia empresaria, la gestión de los mismos será más o menos complicada.










